Grandes Enigmas de Nuestra Historia: el 23-F (Capítulo 2)

"Ni está, ni se le espera". El golpe del 23-F
LOS PREPARATIVOS
Es complicado establecer con claridad la organización del golpe militar, aunque todo parece indicar que la acción de Tejero pretendía ser el detonante de una reacción en cadena del resto de guarniciones militares del país. Alfonso Armada contactó con Tejero, ya implicado en la Operación Galaxia, con quien planeó la llegada al Congreso de 350 guardias civiles en autobuses fletados por el falangista Juan García Carrés, único civil condenado posteriormente. Tejero debía controlar el edificio a la espera de que se desarrollaran acontecimientos y una autoridad militar superior le relevara.
Jaime Milans del Bosch
La División Acorazada Brunete era la más poderosa del Ejército y estaba acuartelada a las afueras de Madrid. Su general jefe, José Juste, no estaba informado de los planes de Armada, y debía ser alejado de la guarnición por el coronel José Ignacio San Martín, su segundo. Luis Torres Rojas, antiguo general-jefe de la Brunete y enviado a la Gobernación Militar de La Coruña por falta de confianza del Gobierno, debía presentarse en la sede de la Acorazada y tomar el mando.
El CESID, los servicios secretos españoles de entonces, no fueron implicados en la posterior investigación. Aunque casi todos los analistas coinciden en que José Luis Cortina, jefe de su Agrupación de Operaciones Militares, estuvo enterado desde meses antes de los movimientos de los conspiradores.
En cuanto a las conexiones extranjeras, tanto los EEUU como la URSS conocían lo que iba a suceder en el Congreso desde al menos una semana antes. Aunque su apoyo, moral o logístico, a los golpistas parece totalmente descabellado.
EL 23-F
Documentos recientemente desclasificados indican que Milans del Bosch reunió a las 10 de la mañana a sus subordinados en Valencia y les comunicó que "sobre las 18:00 se va a producir un acto de fuerza, que no puedo indicar en qué va a consistir, pero es conocido por S.M. el Rey". Explica que mantendrá el control sobre la zona militar de Valencia pero "será por el tiempo indispensable, hasta que reciba órdenes directas de S.M, porque espero que el Rey las dé, una vez que el general Armada llegue a la Zarzuela tras producirse el hecho". Una posterior reunión a las 17:30 tenía como objeto ultimar los detalles de la salida de los tanques a la ciudad y el control de los puntos estratégicos de la misma.
Tejero se ajusta el tricornio en la tribuna del Congreso
A las 18:20, Tejero llega a las inmediaciones del Congreso en tres autobuses. De los 35 guardias civiles que le secunda, entran tras él 180, quedando el resto formando un cordón de seguridad alrededor del edificio. La Policía Nacional que custodiaba el edificio les franquea el paso, ante su rango militar y la creencia de que puede tratarse de una operación antiterrorista. En el hemiciclo se desarrolla la votación de Calvo-Sotelo como nuevo presidente y se llama a depositar su sufragio al diputado socialista Manuel Núñez Encabo.
Forcejeo entre los guardias civiles y Gutiérrez MelladoEn ese instante, Tejero irrumpe en la sala, sube rápidamente a la tribuna y grita las palabras más famosas de nuestra Historia reciente: "¡Todo el mundo al suelo!". El general Gutiérrez Mellado deja su escaño de vicepresidente y se acerca a los asaltantes reprochándoles su actitud, lo que origina un forcejeo en el que el anciano militar resiste en pie. Tejero dispara al techo y todos los diputados se lanzan al suelo, excepto Suárez, Carrillo y el propio Gutiérrez Mellado. "¡Se sienten, coño!". Algunos guardias civiles secundan a su teniente y disparan ráfagas de ametralladora al aire. La televisión deja de emitir, los locutores callan. Los guardias civiles se despliegan por el edificio y hacen prisioneros a los presentes, ordenando abandonar el Congreso a todo aquel que no sea diputado a ministro. Se anuncia a los rehenes que permanecerán allí hasta que "la autoridad competente, militar por supuesto, llegue para hacerse cargo de la situación". Suárez es aislado en el despacho de ujieres y los diputados aguardan en su escaño a que se clarifique la situación. Tejero telefonea a Milans del Bosch y le informa de la operación. A estas alturas, toda España conoce que la votación se ha interrumpido y los diputados son rehenes de los asaltantes. El golpe está en marcha.
Las afueras del Congreso, controladas por la Guardia CivilLa primera reacción en La Zarzuela es llamar a las Capitanías Generales y tranquilizar a todas las divisiones, pues no se conoce el alcance de la asonada, quién la dirige ni el seguimiento que va a tener en las próximas horas. Sabino Fernández Campo, jefe de la Casa Real, será el que maneje la difícil situación. La clave de las conversaciones se vive alrededor de la Acorazada Brunete. El general Saénz de Tejada, jefe del Estado Mayor de la Capitanía de Madrid, habla con el coronel San Martín, segundo de la Brunete, a las 18:50. Éste último cree que Saénz de Tejada está al tanto del golpe y le informa: "estamos preparando las unidades para ocupar algunas zonas de Madrid". Saénz de Tejada traslada esta información al Capitán General de Madrid, Guillermo Quintana, quien al momento llama a José Juste, jefe de la Brunete.
Pocos momentos son tan bellos y a la vez tan trágicos como los instantes claves de los golpes militares. Contrariamente a lo que se cree, la mayor parte de los mandos militares no deciden su implicación hasta el último momento, cuando reciben la llamada definitiva ante la que tomar posición. En décimas de segundo, la voz balbuceante de un general desnivela la balanza y decide el futuro de su país. Existen varias versiones sobre los motivos que hicieron a la Acorazada Brunete no secundar el golpe. En principio se dijo que Juste, nada más conocer lo que ocurría, regresó a su división y deshizo la maniobra de San Martín. Aunque se impone la tesis de que hasta que Quintana y Fernández Campo no llamaron a Juste, éste había recibido instrucciones de Milans y se preparaba para movilizar sus unidades.
Quintana hizo rectificar a Juste y le recordó que Milans no era su superior, a la vez que ordenaba que mantuviera a sus tropas en los cuarteles. Fernández Campo, por su parte, conoció de su conversación con Juste la implicación de Armada en la operación. Juste preguntó por Armada, que según el plan debería estar en la Zarzuela recibiendo encargo del Rey de formar gobierno. "Ni está, ni se le espera" fue la contestación de Fernández Campo. Al conocerse en la Casa Real que Armada era el instigador y decía actuar con el beneplácito del Rey, se decide hablar con él mismo.Armada niega al Rey haber organizado la rebelión, aunque aprovecha para pedir acudir a la Zarzuela a clarificar la situación. Fernández Campo se lo prohíbe expresamente y la situación de Armada se complica.
En Valencia, Milans del Bosch ha dado órdenes de sacar a las calles sus unidades acorazadas pasadas las 18:30 de la tarde. A las 19:30 se transmite por radio el bando de Milans del Bosch, en el que asegura recibir órdenes del Rey y anuncia que mantendrá el orden en la ciudad hasta recibir nuevas instrucciones. Milans llama a Armada, con el que discute porque éste último no ha acudido aún a Zarzuela. El general Gabeiras, jefe del Estado Mayor del Ejército (máxima autoridad e inmediato superior de Armada) toma el teléfono y pide explicaciones a Milans, porque ha recibido noticias de Valencia. Éste niega todo y se escuda en unas maniobras.
Los tanques recorren las calles de Valencia en el anochecer del día 23
Mientras el Rey se comunica con todos los estamentos militares (a las 22:30 envía un télex a todas las Capitanías Generales), las tropas que ocupaban RTVE se retiran y dos reducidos equipos parten a la Zarzuela para grabar un mensaje del monarca. Se graban dos mensajes diferentes, aunque con el mismo contenido, mientras la Casa Real mantiene un tira y afloja con Armada. Al final, el Rey autoriza que Armada acuda al Congreso a negociar con Tejero aunque no en su nombre. Ya despunta el día 24.
EL DESENLACE
Armada llega al Congreso hacia la medianoche y es recibido con alivio por los guardias civiles. Discute a gritos con Tejero y le recita una lista de nombres que compondrían su gabinete; Armada todavía cree en la posibilidad de que el Rey le encargue formar gobierno. En la lista hay socialistas (Felipe González, Peces-Barba, Enrique Múgica o Javier Solana), ucedistas (Herrero de Miñón, Pío Cabanillas), Manuel Fraga, José María de Areilza, el comunista Solé-Tura o incluso independientes como Luis María Anson, López de Letona o Antonio Garrigues Walker. Tejero se siente engañado, porque él confiaba en una solución exclusivamente militar, que excluyese a los políticos del futuro de la nación.
El Rey, en su discurso televisado a la nación
A la 1:15 se retransmite por el único canal de TVE el discurso del Rey, pidiendo el regreso al orden constitucional y condenando el uso de la fuerza. En el Hotel Palace, el director general de la Guardia Civil José Aramburu Topete sigue los acontecimientos en el cercano Congreso. Durante la madrugada, cuando ya el golpe flaquea y Milans del Bosch retira sus tropas en Valencia pasadas las 6, se producen numerosos intentos de negociar la rendición de Tejero. Incluso se produce un enfrentamiento personal entre Aramburu y el propio Tejero, cuando el primero intenta imponer si jerarquía penetrando en el Congreso y forzándole a deponer su actitud. La situación pudo degenerar en desastre si Aramburu, que se echó la mano a su arma, no hubiera sido calmado por su escolta pues se hubiera desatado un tiroteo de consecuencias inimaginables.
Los diputados son liberados hacia el mediodía del 24Un último coletazo de los golpistas supone la aparición en las puertas del Congreso de Ricardo Pardo Zancada, oficial de la Brunete, al mando de un destacamento de la Policía Militar. Por este desesperado intento de relanzar un golpe desactivado por el mensaje del Rey, Pardo también fue condenado a prisión en el posterior juicio celebrado en Campamento.
Sólo ya entrada la mañana se produce el llamado pacto del "capó", redactado por Armada sobre el capó de un jeep a las puertas del Congreso. Se le promete una rendición honrosa a Tejero y que las responsabilidades sólo concernirán a los mandos, de capitán hacia arriba del escalafón. Casi al mediodía del día 24, Tejero anuncia en el hemiciclo la liberación de los diputados y del Gobierno de la nación. El Golpe del 23-F ha fracasado.

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