Historias de leyenda: Ramón Baglietto
El verdadero rostro del terrorismo etarra
La pasada noche, Telecinco emitió una soberbia investigación sobre la vida actual de los asesinos de Ramón Baglietto: 'Diario de... Mi vecino, el terrorista que mató a mi marido' . Es conocida la historia del asesinato de este simpatizante de la UCD en Azcoitia en 1980, por la que los terroristas autores del homicidio fueron condenados a cerca de 50 años de cárcel. Salieron de ella en sólo 15, no pagaron la compensación económica y volvieron a Azcoitia. Uno de ellos ha montado una cristalería bajo la casa de Pilar Elías, viuda de Baglietto y única concejal del PP en la localidad guipuzcoana. Su supuesto arrepentimiento quedó claro ante la cámara oculta del periodista de Telecinco: lejos de pedir perdón a la viuda, se siente la víctima de esta terrible historia.
El 13 de mayo de 1980, Ramón Baglietto regresaba a su domicilio de Azcoitia desde su tienda de muebles en la cercana localidad de Elgóibar. Al pasar por el Alto de Azcárate, un comando etarra le persiguió en otro vehículo y acribilló a tiros haciéndole perder el control del automóvil. Baglietto quedó inconsciente tras estrellarse su coche contra un árbol en la bajada del puerto. Uno de sus asesinos, Cándido Azpiazu, se acercó y le descerrajó el tiro de gracia. Ramón Baglietto, simpatizante de la UCD de 40 años de edad, había acudido en auxilio de Azpiazu, su hermano y su madre cuando habían sido atropellados casi 20 años antes. Baglietto, entonces un joven, cogió en brazos a Cándido, de 14 meses, que antes de cumplir la mayoría de edad se habría convertido en su verdugo.
Pilar Elías tomó la decisión de seguir la línea política de su difunto esposo y entró en política local. Desde hace años vive permanentemente con escolta y ha recibido varios artefactos explosivos desactivados por la Ertzaintza. Es la única edil del PP en Azcoitia y continúa viviendo en la misma casa de siempre. Hace menos de un año, Cándido Aspiazu regresó a Azcoitia y compró el bajo del edificio en el que vive Pilar Elías, donde ha montado una cristalería. Condenado a 49 años de cárcel, Azpiazu ha cumplido sólo 15 por buena conducta al igual que otro de los asesinos, José Ignacio Zuazolazigorraga, quien tiene un restaurante a tan sólo unos kilómetros de Azcoitia. Ninguno de los dos ha pedido perdón a la familia de Baglietto y se declararon insolventes ante la indemnización a su viuda.
Pilar Elías manifestó que "éstos lo que quieren es que yo me vaya de mi casa, y yo he nacido aquí, y si Dios quiere, no diré que moriré aquí, pero les costará echarme. Que se larguen ellos y nos dejen a nosotros en paz. Es nuestra tierra". Para ella, la compra del bajo de su edificio es "una provocación". Pedro Baglietto, hermano de la víctima, dijo que "personalmente no he tenido nunca ningún instinto de venganza. Lo que pasa es que de ahí a que se instalen precisamente debajo de casa, parece que indica que no hay ningún arrepentimiento y, no sólo eso, sino una actitud desafiante". El último pleno del Ayuntamiento de Azcoitia sacó adelante con los votos de PNV-EA una moción de apoyo a los etarras Azpiazu y Zuazolazigorraga en la que se aseguraba que tienen derecho a reorganizar sus vidas, y manifestándose en contra del auto de la Audiencia Nacional que embarga sus bienes por no haber pagado la indemnización que le corresponde a Pilar Elías y sus hijos. El alcalde, Asier Arambarri (PNV), dijo que la situación era muy "compleja", y se tiene que resolver "con buenas dosis de generosidad, sobre todo por parte de la actual concejala del Partido Popular, Pilar Elías".
Ayer, ante las cámaras ocultas de Telecinco, Azpiazu declaró que no tenía que arrepentirse de nada. Rechazó que fuese cierto que Baglietto le hubiera salvado la vida pero dijo que, de ser cierto, eso no cambiaba las cosas. Explicó que Baglietto era un político represor y que volvería a hacerlo una y mil veces, que le conocía desde pequeño pero estaba obligado a asesinarle por motivos ideológicos. La mujer de Azpiazu incluso acusó a Pilar Elías de "falta de humildad" y la culpó de la tensa situación. Zuazolazigorraga fue más lejos y, cuando se le preguntó si pediría perdón a la viuda, respondió "¿Perdón de qué?".
Esperamos que el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, conozca historias como ésta y renuncie a la deshonra de pedir esfuerzos a las víctimas como hizo la pasa noche en Cuatro. Las familias de los asesinados por ETA han tenido el valor de permanecer en el pueblo, de renunciar a todo tipo de venganza y de aceptar que los asesinos regresen a su tierra sin cumplir íntegras las penas y lejos de pedir perdón o manifestar arrepentimiento. Solicitarles más comprensión ante la situación es ponerse claramente del lado de ETA y de la triste mayoría de la sociedad vasca que, directa o indirectamente, alienta el clima de miedo y amenaza hacia los no nacionalistas. Sobre una historia así no se hacen películas ni se escriben libros en España. Los patéticos artistas de nuestro país reservan sus pegatinas para el "No a la Guerra" y nos avergüenzan con apologías del terrorismo como "La pelota vasca".
Ramón Baglietto o sus familiares son los héroes del mañana, personas que se recordarán con el paso de las generaciones como ejemplos de integridad y resistencia ante la opresión del terrorismo. No se puede pedir más generosidad a Pilas Elías que asistir a los plenos del Ayuntamiento escoltada y escuchando gritos y consignas llamándola "fascista" o "torturadora". Historias como ésta deben servir para renunciar a atajos inmorales en la lucha contra la sinrazón: áquel que asesina a un vecino que le socorrió de niño por "ideología" y no se arrepiente, deja de merecer todo respeto como ser humano. La paz que pedía Azpiazu es la del silencio de los corderos, el triunfo de las armas sobre el respeto a la justicia y la vida humana. No les demos la satisfacción de tan injusta victoria.


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